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El placer de vivir y las fiestas de quince años en el Cono Sur de Lima (1999 - 2000).
Susana Pastor
Susana Pastor estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Lima entre 1974 y 1979.
Ha trabajado en cine, vídeo y fotografía desde una perspectiva documental.
Ha elaborado los ensayos fotográficos: “Domingos de Agua Dulce” Lima, 1982 -1998 y “Festejar los 15 años”
Lima Sur, 1998-2000.
Enseñó en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Lima y desde 1998 es docente a tiempo completo en
la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Dicta los
cursos de Fotografía, Fotografía Periodística y Fotografía Documental y es coordinadora académica del Área de
Fotografía.
En el 2006 coedita el libro País de Luz. Tafos, Talleres de Fotografía Social, 1986-1998, producido por la
PUCP y CAL.
Entre 1995 y 1998 trabajó en el Proyecto TAFOS siendo curadora de la Exposición Latinoamericana “Con Ojos
de Mujer” y “País de Luz, Diez Años de Tafos”.
En 1993 codirige el documental “Con Voz Propia”, KULU, Dinamarca
Entre 1982 y 1990 integró el Grupo Chaski, colectivo de cine social, en el cual trabajó en los
largometrajes “Gregorio” y “Juliana” , en diversos documentales y codirigio el docuemental “Caminos de
Liberación”.
De las quinceañeras y su fiesta...
El quinceañero es la gran fiesta con la que sueñan muchas chiquillas
de 14 años. Es el gran acontecimiento; la fiesta inimaginable hecha
realidad. Es una tradición que algunos grupos sociales intentan mantener
en su versión original.
La quinceañera aparecerá a la medianoche vestida como una princesa.
Bajará las escaleras y “se presentará a la sociedad” bailando un vals
con su padre. Más tarde, los discursos y el clásico brindis con champán,
darán inicio a la fiesta.
En el Cono Sur de Lima festejar los quince años implica una
participación de la familia, los amigos y los vecinos. El padrino
regalará la torta y la madrina alquilará el vestido. Siempre habrá un
tío que pintará la casa y una vecina que decorará el salón.
El padre ha terminado de construir el segundo piso o ha colocado la
escalera que quizá no conduce a ningún lugar. No hay dinero o hay muy
poco, pero se tiene que celebrar y esta celebración tiene que ser
inolvidable, como en los cuentos de hada. Al día siguiente quizá no haya
para comer; pero ése, será otro día.
De la fiesta y la añoranza...
Había estado fotografiando un quinceañero desde las dos de la tarde
del día anterior.
Amanecía en Villa El Salvador y la fiesta se resistía a morir cuando en
la calle una banda de músicos cargaba sus instrumentos en un viejo y
destartalado camión. Me gustó la imagen y cuando me disponía a tomar una
última foto, la madre de la quinceañera -quien se había divertido más
que la hija- trepó al camión con la intención de volver a su pueblo
natal, en un ataque de añoranza.
Los invitados a la fiesta lograron bajar a la mujer hecha un mar de
lágrimas. En el taxi de regreso a mi casa y con esas imágenes aún en la
retina pensé, con un poco de envidia, que nunca había festejado mis
quince años.
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