Mayo - Agosto 2007
N.74

La investigación de la comunicación:
cuestiones epistemológicas, teóricas y metodológicas

María Immacolata Vassallo de Lopes, Brasil (Diálogos de la Comunicación Edición N.56)

 

A manera de subtítulo:
La investigación de la comunicación en América Latina frente a dos entradas: 1) las condiciones sociales de su producción y 2) el proceso de su producción; y una sola salida: producción de conocimiento legitimada por su relevancia social y por su rigor teórico y metodológico.



1. ACLARACIONES SOBRE EL PUNTO DE PARTIDA

El tema es por demás complejo. Por eso, menos que querer abarcar el tema de forma exhaustiva -lo que no comporta la organización en artículo- pretendo apuntar las cuestiones de orden epistemológico, teórico y metodológico tal como las concibo a partir de donde ellas se encuentran, esto es, en la propia práctica de la investigación que es en esencia una práctica metodológica. Veo la metodología de la investigación como un proceso de toma de decisiones y opciones que estructuran la investigación en niveles y en fases que se realizan en un espacio determinado que es el espacio epistémico.

Quiero decir que el punto de vista que rige estas consideraciones es metodológico strictu sensu, esto es, interno al quehacer científico y donde él se confunde con la reflexión epistemológica. Dos puntos deben ser destacados de antemano en este enfoque. El primero es que la epistemología será tratada en el nivel operatorio, en la tradición bachelardiana, esto es, como nivel de la práctica metodológica entendiendo que la reflexión epistemológica opera internamente a la práctica de investigación. En otros términos, esto garantiza que los principios de cientificidad operan internamente a la práctica científica, o sea, la crítica epistemológica rige los criterios de validación interna del discurso científico.

El segundo punto es que esta perspectiva epistemológica no es suficiente si no es combinada con los criterios de validación externa apoyados en la crítica hecha por la sociología del conocimiento. Según Bourdieu (1975:99), «es en la sociología del conocimiento que se encuentran los instrumentos para dar fuerza y forma a la crítica epistemológica, revelando los supuestos inconscientes y las peticiones de principio de una tradición teórica». De esta forma, mis consideraciones no pueden ser entendidas como un discurso cientificista, genérico y abstracto, por el contrario, entiendo la práctica de la investigación como práctica sobre-determinada por condiciones sociales de producción e igualmente como práctica que posee una autonomía relativa. Esta es dada por una lógica interna de desarrollo y de autocontrol, lo que impide que se convierta en una mera caja de resonancia de normas externas y, por tanto, en discurso totalmente ideológico. Al final, la práctica de la investigación es concebida como un campo de fuerzas, sometida a determinados flujos y exigencias internas y externas.


2. LAS CONDICIONES DE PRODUCCIÓN DE LA INVESTIGACIÓN DE LA COMUNICACIÓN

Como recurso de crítica epistemológica a la investigación de la comunicación voy a retomar algunas concepciones de la sociología de la ciencia. Aquí la ciencia es vista como un sistema empírico de actividad social que se define por un tipo de discurso consecuente de las condiciones concretas de elaboración, difusión y desarrollo. Son las condiciones de producción las que definen el horizonte dentro del cual se mueven las decisiones que permiten hablar de una cierta manera sobre un cierto objeto. En otro texto (Lopes, 1997) indiqué que esas condiciones de producción de una ciencia pueden ser resumidas en tres grandes contextos. El primero es el contexto discursivo, en el cual pueden ser identificados paradigmas, modelos, instrumentos, temáticas que circulan en determinado campo científico. Se trata propiamente de la historia de un campo científico, los recursos por los cuales él se va constituyendo, afirmando sus tradiciones y tendencias de investigación. El segundo factor es el contexto institucional, que envuelve los mecanismos que median la relación entre las variables sociológicas globales y el discurso científico, y que se constituyen en mecanismos organizativos de distribución de recursos y poder dentro de una comunidad científica. Corresponde a lo que Bourdieu (1983) llama el campo científico. Y el tercer factor es el contexto social o histórico-cultural donde residen las variables sociológicas que inciden sobre la producción científica, con particular interés por los modos de inserción de la ciencia y de la comunidad científica dentro de un país o en el ámbito internacional.

Con estas breves consideraciones hechas por la óptica de la sociología de la ciencia, quiero subrayar que el conocimiento científico es siempre el resultad o de esos múltiples factores, de orden científico, institucional y social, los cuales constituyen las condiciones concretas de producción de una ciencia.

¿Cómo se ha traducido en el campo de la comunicación la preocupación por esos diversos contextos de producción de su discurso científico? A mi modo de ver, a través de un enorme interés por el contexto social o macrosocial de la producción científica, un raro interés por el contexto institucional y un creciente interés por el contexto discursivo. Explico rápidamente este diagnóstico.

1. La globalización, en sus más variados aspectos, se volvió tema hegemónico en los actuales estudios y reflexiones en el campo de la Comunicación. Sin dejar de apuntar los maleficios simplificadores acarreados por la reedición del viejo debate frente a la cultura de masas, que Moragas (1997) identifica ahora entre «neoapocalípticos» y «neo-integrados» frente al actual modelo de sociedad, a mí me gustaría retener los estudios serios que abordan cuestiones cruciales sobre la nueva fase de desarrollo del capitalismo neoliberal, traduciéndolas a la imperiosa necesidad de comprender la globalización en su densidad y ambigüedades, proponiendo tematizarla a través de pistas conceptuales, tales como «cultura-mundo» (Martín Barbero, 1998), «comunicación-mundo» (Mattelart, 1994), «sociedad de la comunicación» (Vattimo, 1992), «paradigma de la globalización» (Ianni, 1994).

Lo que estas pistas hacen es llamar la atención sobre la centralidad de la comunicación en el propio modo organizativo de la sociedad contemporánea, esto es, que la comunicación pasa a operar al nivel de las lógicas internas de funcionamiento del sistema social. Lo que hay de nuevo en esto es que el campo de la Comunicación se complejiza enormemente, haciendo explícito el error epistemológico de seguir tratando a la comunicación como objeto de estudio en una perspectiva meramente instrumental, sea a través de la crítica meramente ideológica, sea a través de la afirmación funcionalista. Así, considero que el enorme interés por el tema de la globalización ha generado aportes renovadores en los estudios de comunicación, en el sentido de realizar encuentros disciplinarios, proponer nuevas categorías de análisis y de propiciar un trabajo conceptual más complejo.

2. Al considerar la reflexión sobre el contexto institucional de la producción científica que se hace en el campo de la Comunicación, el escenario es pobre. Se trata de constatar, en primer lugar, el reducido interés sobre cómo se institucionalizan los estudios de comunicación en nuestros países(1). Pero también verificar la ausencia de reflexión sobre mecanismos y procesos institucionales dentro de los proyectos de investigación, comenzando por la reflexión sobre la propia elección de un objeto de estudio que, como bien sabemos, también está condicionada a los no poco visibles mecanismos de fomento a «la investigación inducida». Aquí también se coloca la cuestión del prestigio de determinados grupos de investigación o del poder de ciertos circuitos intelectuales principalmente vinculados a las asociaciones científicas, a la administración universitaria o a los procesos de selección y evaluación de la producción intelectual. Creo que estas cuestiones de la institucionalización científica y académica de la investigación de la comunicación deberían ser objeto más asiduo de papers y de seminarios y tomar como enfoque central la cuestión de la formación del investigador de la comunicación, comenzando por el lugar de la investigación en nuestros cursos de grado, hasta la comparación de la investigación dentro de políticas de pos-grado (maestría, doctorado y las experiencias brasileñas con el maestrado profesionalizante, maestrado y doctorado interinstitucional).

3. Por otro lado, el interés por lo que llamé el contexto discursivo de la ciencia y, más específicamente, de la historia del campo, ha crecido y se ha generalizado por toda América Latina. Una de las cuestiones centrales ha girado en torno de la condición disciplinar de la comunicación, que ha sido objeto especial de preocupación en esta década de los 90(2). La historia del campo de la Comunicación ha sido marcada por la diversidad teórica y por la historicidad de su objeto, las cuales son marcas distintivas de la identidad del campo de las Ciencias Sociales y Humanas, de que ella forma parte. Como traté en otro lugar (Lopes, 1998), el origen de los campos de estudios interdisciplinarios como la Comunicación, remite a movimientos de convergencia y de superposición de contenidos y metodologías que se hacen notar de forma creciente en el desarrollo histórico reciente de esas ciencias. Los principales desafíos epistemológicos, teóricos y metodológicos parecen provenir de la confluencia del paradigma histórico de la globalización (Ianni, 1994), del paradigma epistemológico de la complejidad (Morin, 1995) y de un nuevo paradigma institucional (Wallerstein, 1996). Lo que llamo aquí «paradigma institucional» es resultado de una reflexión multidisciplinaria, coordinada por este último autor sobre la reestructuración de las Ciencias Sociales, que concluye que las delimitaciones de las disciplinas sociales son más el resultado de movimientos de institucionalización de esas ciencias, que imperativos provenientes de sus objetos de estudio, o sea de exigencias de naturaleza propiamente epistemológica. El problema es que esa distribución disciplinaria llevó a un saber especializado en disciplinas institucionalizadas cuando hoy cualquier análisis requiere necesariamente varias disciplinas. Se pone en duda si aún hay algún criterio que pueda ser usado para asegurar, con relativa claridad y consistencia, las fronteras entre las disciplinas sociales. A lo que Wallerstein (1990:402) responde: «Todos los criterios presumibles -niveles de análisis, objetos, métodos, enfoques teóricos-o ya no son verdaderos en la práctica, o, si se mantienen, son obstáculos a conocimientos posteriores, antes que estímulos para su creación». Es claro que, a no ser por un mal entendido, mi posición no debe ser vista como una defensa ingenua de un eclecticismo estéril, mucho menos como una tendencia autofágica de eliminación de las fronteras entre las disciplinas tradicionales, lo que inhibe o bloquea la institucionalización de los nuevos campos del saber, como la Comunicación.

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