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Diciembre 2009 - Marzo 2010
N.79 |
La Universidad como actor de la integraciónLos talleres de Diplomacia Ciudadana como estrategias de integración entre las universidades de a región andina Oscar Omar Terrones (Perú)
Resumen Cuenta una historia que después del 11 de septiembre un anciano indígena en los Estados Unidos de América conversaba con su nieto sobre sus sentimientos ante el ataque terrorista: “Me siento como si tuviera dos animales luchando dentro de mi corazón. Uno está bravo y quiere venganza. El otro es un animal de amor y compasión”. “¿Cuál ganará la lucha adentro del corazón?”, le preguntó el nieto. “El que alimentes”, contestó el anciano (Erstad, 2002). La historia del ser humano está llena de conflictos. Heráclito (citado por Navas, 1999: 33) no dudó en reconocerlo. Para este pensador, el conflicto era el principio de todas las cosas y, según esta forma de verlo, sería algo tan natural como la concordia. “El conflicto” —señala Kaufman— “es inevitable, pero en principio no hay nada a priori que diga que eso es negativo” (Cherubini, 2008). Nos corresponde, sin duda, afrontarlos, aunque esto demande un gran esfuerzo. El “conflicto” ha recibido diferentes definiciones, pero la mayoría coincide en señalar que se trata de un proceso interactivo que sucede en un contexto determinado y en el que actúan, al menos, dos partes. Cada individuo o grupo tiene intereses, necesidades, objetivos… incompatibles. Puede haber conflictos sin violencia, aunque no violencia sin conflicto. Esto último lleva a decir que si bien conflicto y violencia se relacionan en determinadas circunstancias, no significan lo mismo. La violencia, según Fisas (1998: 24), se refiere al uso o amenaza de uso de la fuerza o de potencia, abierta u oculta, con el propósito de obtener de uno o más individuos algo que no consienten libremente o de hacerles algún mal (físico, psíquico o moral). No es solamente un determinado tipo de acto, sino también una determinada potencialidad. No se refiere únicamente a una forma de “hacer”, sino también de “no dejar hacer”, de negar potencialidad. “Conflicto”, a su vez, está muy ligado a otro término: “guerra”. En el ámbito popular se suele confundir el uno con el otro, reduciendo el conflicto a violencia bélica y entendiendo la guerra como si fuera la única forma de violencia. Esto ha traído confusiones en el momento de entender el concepto de “paz”, pues comúnmente se la ha definido contraponiéndola a la guerra o como el periodo de entreguerras, cuando se la debería definir contraponiéndola a la violencia (la guerra es una forma de violencia, no la única), así como a todo desorden moral o contrario a la naturaleza. Los romanos hablaron de pax romana, que tenía que ver con la defensa frente al exterior, frente a aquello que amenazaba o ponía en peligro el Imperio. La paz griega llevó por nombre eirene, que fue casi sinónimo de homonoia (armonía). Este concepto de paz griega aludía al mantenimiento de la unidad y el orden interior de Grecia. Implica un estado repleto de serenidad, ausencia de conflictos, pasividad. Atendiendo a lo último, la capacidad de actuación frente a la paz estaría reservada únicamente al Estado (Jares, 1999: 96), a la Diplomacia oficial. En la práctica, puede observarse que ni el Estado ni la Diplomacia oficial han garantizado siempre la paz posterior a la firma de los tratados, tal como ha sucedido con el conflicto entre Ecuador y el Perú que, después del Protocolo de 1942, rebrotó varias veces. Este artículo pretende exponer que la paz y la seguridad deben ser competencia también de los civiles y no solo de los Estados o de los diplomáticos. Suelen ser los civiles los que sufren directamente las consecuencias de las guerras, de la violencia y, por tal razón, deben ser también los protagonistas que lideren los procesos de paz. Sin paz tampoco es posible la integración de los pueblos ni el desarrollo ni la democracia ni el respeto por los derechos humanos (cualquier derecho que se viole, implica automáticamente violar el derecho a la paz). Se propone como una herramienta de comunicación para la integración los Talleres de Diplomacia Ciudadana. Se explicará más adelante la metodología que se ha venido desarrollando, de acuerdo con nuestra experiencia en la organización y facilitación de estos talleres con alumnos universitarios procedentes de Colombia, Ecuador y el Perú, y que podrían incluso implementarse para ser trabajados con otros agentes de la sociedad civil y aplicados a los conflictos incluso internos de muchos países. Para ello, vamos a explicar brevemente por qué la Diplomacia Ciudadana puede ser un complemento de la Diplomacia oficial en el cumplimiento de los objetivos de la integración, y por qué puede ser también un medio eficaz para fortalecer la sociedad civil de la Comunidad Andina y de América Latina. La Diplomacia oficial ya no es suficiente En mayo de este año, Hillary Clinton, secretaria de Estado estadounidense, señalaba, dirigiéndose a los graduandos de la Universidad de Nueva York, que “[…] la diplomacia estadounidense ya no se limita al Departamento de Estado o a nuestras embajadas”. Y añadía que “[…] la base de los asuntos de Estado en el siglo XXI se desarrolla en las aulas de universidades, salas de juntas corporativas y salas de operaciones de hospitales, y se basa en los compromisos y las relaciones personales […]” (Centro Lincoln, 2009). Las declaraciones de Clinton confirman el giro que la Diplomacia oficial de algunos Estados debe dar, pues se ha centrado por muchos años o décadas en el secreto o se ha reducido al ámbito interestatal. Tradicionalmente, la Diplomacia oficial o clásica se ha entendido como “el arte de la negociación”. Pocos aún comprenden que esta diplomacia debe abrirse más a los públicos internacionales y que es una poderosa herramienta de comunicación para unir a los pueblos, difundir y promocionar la imagen positiva de las naciones, acercarse a los civiles para comprender mejor sus necesidades y convertirse en un vehículo de ayuda o cooperación. Los Estados ya no son los únicos protagonistas del sistema internacional. Tras los cambios, producidos en las últimas décadas por efectos de la globalización, cada vez aparecen nuevos centros de decisión, individuos o grupos no estatales que interactúan también con gran protagonismo internacional, llámense ONG, grupos religiosos, partidos políticos, empresas multinacionales, universidades, etcétera. ... abrir artículo completo (versión PDF) Etiquetas: Comunicación Internacional, Diplomacia Ciudadana, Talleres de Resolución de Conflictos, Integración, Cultura de paz, Región Andina, Intercambio Universitario |
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Diálogos de la Comunicación N°79 ha sido elaborado en el marco del proyecto de cooperación UE – CAN SOCICAN “Acción con la sociedad civil para la Integración Andina”. El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social – FELAFACS y en ningún caso debe considerarse que refleja los puntos de vista de la Unión Europea o la CAN.