Diciembre 2009 - Marzo 2010
N.79
diálogos de la comunicación
revista de la federación latinoamericna de facultades de comunicación social felafacs
artículos

La experiencia andina de la integración

Los Procesos de Integración desde una Perspectiva cultural

Adriana Marcela Londoño (Colombia)

Adriana Marcela Londoño C. Politóloga de la Universidad Nacional de Colombia, magíster en Comunicación de la Universidad Javeriana, miembro del grupo de investigación Comunicación, Medios y Cultura, clasificado en Categoría A por Colciencias. Consultora Colombia proyecto Formación de Comunicadores Sociales para la Integración Andina, desarrollado por la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación (Felafacs) y la Comunidad Andina (CAN). Docente de tiempo completo de la Universidad de San Buenaventura, Bogotá, y editora de la revista Management de la Facultad de Ciencias Empresariales de la misma Universidad.

adrimarcelondono@gmail.com

Resumen
El artículo plantea un recorrido por el asunto de la integración desde una perspectiva cultural, retomando los elementos históricos que a ella subyacen, para sugerir la actualidad del tema y la centralidad de la cultura en este contexto. Asociado con la integración cultural, el tema de las identidades y la discusión que desde diferentes posturas teóricas se propone al respecto cobra importancia en este documento, en tanto se relaciona con la globalización que entra a definir y a redefinir los procesos de integración en América Latina

 

Abstract
The article raises a route by the subject of integration from a cultural perspective, taking historical elements inside that perspective, in order to present integration actuality and culture centrality within this context. Associated with cultural integration, the subject of identities and the discussion about this aspect from different theoretical positions are important in this document, because it’s related to globalization that enter to define and redefine Latin American integration processes.

Introducción

Las lecciones de la historia
Hablar de una identidad latinoamericana o de unos rasgos comunes que nos hacen partícipes de un mismo espacio cultural, que más que ser un lugar físico es un lugar simbólico de encuentro e interacción entre culturas, implica retomar las raíces históricas de los procesos que han acompañado la configuración de los Estados-Nación, incluso antes de la invasión y el progresivo exterminio a manos de los españoles de las múltiples culturas indígenas que habitaban el territorio americano.

Si partimos del hecho de que la construcción de la historia, lejos de ser un ejercicio objetivo y desinteresado, es una apuesta completamente interesada, que recoge y visibiliza el pasado de acuerdo con la perspectiva de quienes ejercen el poder e intentan de manera hegemónica imponer una racionalidad determinada, nos encontramos con divergentes y distanciadas historias de América Latina. Lo que para unos autores constituyó la conquista de nuevas tierras y, con ello, la puesta en marcha de una cruzada civilizatoria, para otros no fue más que una penetración hostil e invasora en los territorios habitados por indígenas, cruelmente arrasados por los colonos. Estas dos versiones de la historia, entre muchas otras que circulan en los ámbitos académicos y en los espacios cotidianos del subcontinente, determinan qué tipo de identidad se ha construido históricamente y cuáles han sido los móviles histórico-políticos de esa construcción.

Sin lugar a dudas, el tema de la identidad cultural en un espacio de integración regional nos remite a cuestionarnos en torno a: ¿Qué espejo miramos? ¿Cuáles son los referentes simbólicos sobre los cuales nos hemos pensado “parte de”? ¿Los procesos de identificación nos han sido impuestos, o los hemos construido nosotros mismos? Estas y otras preguntas abren un fértil escenario de debate acerca del tema de la integración cultural.

Entender la identidad es comprender, con García Canclini, que:

[…] la identidad es una construcción que se relata. Se establecen los acontecimientos fundadores, casi siempre referidos a la apropiación de un territorio por un pueblo o a la independencia lograda enfrentando a los extraños. Se van sumando las hazañas en que los habitantes defienden ese territorio, ordenan sus conflictos internos y fijan los modos legítimos de vivir en él para diferenciarse de los otros (García Canclini, 1992).

Si hilamos más fino en este debate, nos encontramos con unas bases integracionistas ancladas en el pensamiento de Bolívar y alimentadas por la utopía de una patria grande y sin fronteras, en la que todos llegásemos a ser hermanos. Pensamiento que retomaría posteriormente Martí para soñar, como soñó Bolívar, con una América Unida en torno a un solo espíritu. Si bien este anhelo integracionista que se ubica en la base del pensamiento latinoamericano orientó procesos históricos y reunió colectividades a su alrededor, se advierte cómo en la actualidad otros son los móviles de la integración, otras son las discusiones que se abren sobre el tema, otros son los lugares desde los que se convoca a hablar de integración. Hoy por hoy, llama la atención cómo la integración es convocada desde un lugar de poder específico (Estados Unidos) y responde a unos intereses económicos particulares. Otro es el modelo que rige nuestra realidad. Como lo advierte Roncagliolo: “[…] la integración ya no se esgrime frente a los desarrollados, sino ‘con ellos’. El integrar-nos latinoamericanista, ha sido reemplazado ahora por un integrar-se panamericanista” (Roncagliolo, 2003).

Este viraje de un modelo de integración a otro permite reconocer, con Ulloa, que: “[…] las identidades y los imaginarios de la integración latinoamericana, no se reducen, ni se agotan en la retórica economicista, ni en la ideología política de la izquierda […] Más allá de estos circuitos, ciertas matrices culturales hicieron posible un imaginario común para ciertas generaciones” (Ulloa Sanmiguel, 1992).

Ahora estas matrices abren paso a nuevos imaginarios de la integración. Imaginarios que se debaten entre relaciones de continuidad y de conflicto, de encuentro y desencuentro, de desfases y de rupturas. Es justamente este argumento el que nos permitirá pensar si es posible hablar de un proceso de integración o de una identidad cultural; o si, por el contrario, se deben tener en cuenta múltiples procesos y múltiples identidades, sobre todo si nos referimos a la integración andina.

La actualidad de la integración y la relocalización de la cultura

La actualidad de la integración
La integración latinoamericana tiene en la actualidad una lógica y una geometría variables. En realidad, no existe un solo proceso de integración, sino una tendencia general que se manifiesta en varios procesos de integración que, bajo el signo de lo económico y comercial, siguen una evolución multidireccional, fluida y compleja, surcada de avances y retrocesos.

Lejos de la utopía histórica latinoamericana, a lo que hoy se asiste es a una fragmentación realista de la región en bloques económicos que compiten entre sí. Algunos autores afirman que Latinoamérica no existe sino como referencia a un bloque geocultural… por constituir. Para Germán Rey, la idea de América se asemeja más a la figura de un archipiélago donde todas las partes que lo conforman están unidas por aquello que las separa. Este retrato muy aproximado de América Latina llama la atención en las iniciativas que desde el mercado intentan “hacer bloques monolíticos, negando la diversidad y las diferencias” (Rey, 2006).

Aquí sería interesante mirar cómo el deber ser se aleja del ser en el plano económico, pero intenta acercarse en el plano social y cultural, en los que multiplicidad de experiencias propician procesos de integración que escapan de los marcos formales de los grandes acuerdos de integración (Mercosur, ALCA, Nafta, etcétera).

Desde la cultura también se habla de una integración que pasa por esta perspectiva, de una versión compartida de historias, tradiciones y procesos colectivos que nos permiten dialogar más allá de las fronteras. Unos prefieren hablar de identidad desde una perspectiva homogénea y petrificante, mientras para otros existen más lugares de desencuentro que de encuentro. Lo cierto es que por lo simbólico, lo cultural y lo mediático también están pasando los procesos de integración, aquellos que no se inscriben ni en el terreno de lo económico ni en el de lo comercial.

Lo que no hay que desconocer, antes de lamentarnos de lo lejos que está la utopía de integración latinoamericana en el plano político y económico, es que estos procesos parciales son pasos que pueden encaminar hacia la gran meta integracionista con mayor eficacia que la retórica o intentos del pasado en ese mismo sentido.

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Etiquetas:

integración cultural, identidad, globalización

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Diálogos de la Comunicación N°79 ha sido elaborado en el marco del proyecto de cooperación UE – CAN SOCICAN “Acción con la sociedad civil para la Integración Andina”. El contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social – FELAFACS y en ningún caso debe considerarse que refleja los puntos de vista de la Unión Europea o la CAN.