Enero - Junio 2008
N.76

Reflexiones sobre la pecera mediática

Jerónimo León Rivera Betancur (Colombia)

 

Empecemos con una imagen: Un hombre joven asiático avanza por un pasillo con dos pistolas semiautomáticas y exagerada munición, matando a personas inocentes que se atraviesan en su camino con total calma y paciencia. Seamos más específicos, el hombre asiático es Cho Seng Hui, un estudiante de literatura inglesa de 23 años de Corea del Sur y esta imagen no pertenece a una de las tantas películas de Hollywood (aunque sería un buen villano por su origen extranjero), si no a una mañana de clases de la, hasta ese momento, tranquila Universidad de Virginia Tech en Estados Unidos.

Hasta aquí podría parecer una más de las masacres que, desafortunadamente, ocurren desde hace muchos años en las instituciones educativas de los Estados Unidos; pero hay un elemento que, sin embargo, hace una profunda diferencia con otros acontecimientos similares y es el hecho de que durante las dos horas que ocurrieron entre un tiroteo y otro, el asesino envió una encomienda postal a NBC Noticias con fotos y videos en los que expresaba su odio y resentimiento hacia la sociedad.

Este hecho, ocurrido en abril de 2007, ya está como tantos otros en el olvido noticioso y en la galería de la barbarie mundial, pero nos permite hacer una reflexión inicial sobre el impacto de los medios y el afán de los ciudadanos por salir en ellos sin importar de qué manera (así sea post-mortem). Es importante, igualmente, reflexionar sobre la decisión y postura editorial e informativa de estos mismos medios de publicar las imágenes de un desquiciado que compra armas en su supermercado más cercano y entra a su universidad para matar a todo el que se atraviese sin motivo aparente.

Hace más de quince años, Oliver Stone (basado en un guión de Quentin Tarantino) nos mostró en la película Natural Born Killer (1994) a dos asesinos en serie que mataban a quien se atravesara en su camino por el simple gusto de verlos caer. La pareja de psicópatas se encuentra con el periodista Wayne Gale que en busca de su primicia noticiosa los eleva al Olimpo mediático generando en la opinión pública un fenómeno de adoración comparable al de las estrellas del Rock. Es reveladora la última secuencia en la cual los asesinos deciden acabar con Gale argumentando que ya no lo necesitan pues "la cámara es nuestro testigo".

Esta visión profética del poder de intromisión de los medios es cada vez más actual y asistimos con asombro al poder creciente, avasallador y omnipresente de toda clase de aparatos tecnológicos de comunicación con una amplia capacidad para circular contenidos por el mundo de una forma rápida y en muchos casos incontrolable.

En este sentido, el tema tiene varias aristas y no pretendo ni mucho menos agotarlas en este comentario. Inicialmente, tenemos los contenidos sensacionalistas que los grandes y pequeños medios emiten y que, por obra y gracia del Internet, pueden ser descargados por millones de espectadores en el mundo. Muchos navegantes de la red buscan morbosamente estas imágenes para archivarlas en sus computadores y reenviarlas a sus amigos con la idea de extasiarse o en algunos casos impresionarse con el terror de la vida real. Ante el desencanto por el cine de terror, que ya no asusta ni impresiona; nada mejor que la vida real y sus excesos .

Por la red circulan toda clase de contenidos y es casi seguro que todos hemos recibido montones de "forwards" con imágenes grotescas y degradantes que explotan la miseria humana frente al beneplácito de muchos espectadores en el mundo. El ahorcamiento de Saddam Hussein presentado con lujo de detalles, el degollamiento de un periodista por parte de los talibanes (con el sonido de los gritos de la víctima) y el video de Cho Seng Hui con sus palabras antes de la masacre de Virginia, han sido algunos de los videos más descargados en la página de Youtube. De hecho, en un sondeo de opinión realizado en los Estados Unidos por un importante diario el 20 % de los encuestados manifestaron su agrado con la creación de un reality show que mostrara el proceso completo de captura, confinamiento y ejecución de Osama Bin Laden, en caso de ser capturado.

Cho Seng Hui se detuvo en su orgía de violencia para grabar un video y posteriormente con sangre fría se dirigió a una oficina postal para enviar su copia a la NBC. De esta acción podríamos inferir que se trata de alguien que quiere ser un nuevo héroe mediático, que conoce el morbo y la posibilidad de penetración de los medios de comunicación y que, además, se divierte con el dolor ajeno e imaginándose a sí mismo en su mensaje póstumo en las portadas de los diarios y en los PCs de millones de personas en el mundo.

En Medellín, Colombia, recibimos, menos de dos días después de ocurrido el hecho, las fotografías del accidente de una avioneta en el Colegio de la Universidad Pontificia Bolivariana en el que murieron dos niños de primaria. Estas imágenes, en extremo conmovedoras, no fueron publicadas por la prensa; pero algunos estudiantes de la universidad se dedicaron a tomarlas durante el incidente y a distribuirlas posteriormente en la Red sin consideración ni respeto alguno por las víctimas.

Este asunto, sin embargo, siempre ha ocurrido en mayor o menor medida. Prueba de ello es el llamado "cine snuff" que desde hace años se produce clandestinamente en muchos garajes y con el que muchos "artistas" de la muerte matan y torturan personas para luego vender el codiciado producto a muchas mentes enfermas en el mundo. La única diferencia es que ahora el snuff está a un click y la falta de control y de legislación en la mayor parte de países para los contenidos publicados en Internet hace que esto sea posible sin la sanción social que se espera para productores y consumidores de estas imágenes.


FAMOSOS KLEENEX

Resulta evidente que nuestro mundo actual está lleno de paradojas y de ideas extrañas que potencian la fragmentación de la conciencia colectiva e individual, la quiebra del espíritu crítico y la entronización de dioses neomodernos, llenos de falsedad y olvido.
Nelson González Leal

 

Conscientes del poder de intromisión de los medios, ha surgido una nueva generación de espectadores que no se contenta con recibir contenidos pasivamente y cuya máxima aspiración es salir algún día en la televisión. La entrada en furor del formato Reality Show ha vendido a la audiencia la idea de que todos somos famosos en potencia hasta que alguien pueda descubrirnos y hacernos salir en televisión.

Los nuevos modelos de muchos espectadores son los concursantes de los reality y algunos de ellos, podría decirse, han acogido una nueva profesión: la de realiteros, contando en su currículum con la aparición en cinco o más de estos espacios televisivos. Una sola condición se les exige para asumir este nuevo perfil: ser lo más polémico posible para capturar a la audiencia que, como todos sabemos, está permanentemente buscando el conflicto.

Rafael López, participante de "Gran Hermano", España, decía alguna vez que los concursantes de este espacio son "los nuevos payasos de la tele" y es cierto que el rol que les toca a estos nuevos famosos es, realmente, poco grato. El espacio en el que hacen su aparición tiene un disfraz de realidad expresado en su mismo nombre que, sin embargo, resume en media hora el resultado de muchas horas de grabación y para todos es sabido que cada uno de los concursantes tiene un rol característico que, gracias a la edición, se refuerza haciendo de cada uno de ellos un personaje "ficticio de la vida real".

Estos "realiteros" se exponen a la opinión pública en esta pecera mediática procurando amoldar su "ser" a un "parecer" que les permita "aparecer" más continuamente en la pantalla chica en un afán por permanecer vigentes en este mundo hostil; sin embargo, como lo reconoce un directivo de TVE, citado por el diario español El Mundo (2007): "La tele devora a sus propios hijos; no puede contratar a todos los que participan en estos concursos, por lo que se ha convertido en una factoría de muñecos rotos"

Otros, sin embargo, lo logran por mantener en su perfil un alto grado de controversia, según Jorge Javier Vázquez, comentarista de Gran Hermano VIP en España, "Se han profesionalizado, saben que si son más o menos polémicos van a participar en determinados programas". En cada reality show se cuida hasta el más mínimo detalle de la dramaturgia y, por supuesto, el conflicto es el elemento principal, así que todos sus concursantes son seleccionados para representar un rol dentro de la historia que se cuenta, y como no todos podrán ser protagonistas, algunos tendrán la difícil tarea de hacer de villanos, lo que les puede ocasionar grandes dificultades en sus aspiraciones artísticas posteriores. El secreto del mantenimiento con vida en la pantalla chica parece ser la extravagancia. De acuerdo con el periodista Juan Ramón Lucas en el diario español El Mundo (2007): "Hemos pasado de la telerrealidad a la telerraridad".

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